Un destino así
Mi piel es tersa y suave, lo sé en cada baño que me doy, mientras masajeo al igual que ahora, froto hasta posarme ahí, la dulce tentación que descontrola a los hombres. Usando un dedo giro en círculos, introduzco un dedo hasta el espasmo provocándome placer media hora al menos. Hoy luzco un bronceado perfecto, ejercitada mantengo unas curvas y senos bien marcados, las piernas más hermosas que te puedas imaginar, levanto una dentro de la tina, jugueteo extendiendo ambas, abro, cierro y trato de alcanzar el techo con los pies. La espuma resbala al descender. Tengo los labios refinados y carnosos. Nariz respingada, de envidia como la atractiva mirada coqueta de mis ojos color caramelo. Me levanto, el cabello negro cubre mi cara, lo quito a un costado, estoy sola, antes solía acompañarme mi esposo. Sin importar qué, nada puede opacar la felicidad que me embarga. Ya en la habitación, la falda azul corta deja a la vista ombligo y la blusa blanca, casi transparente, parte del torso hasta la cabeza. El amor de mi vida llegará pronto de un largo viaje exitoso, dos semanas. Tengo listo la cena las bebidas. El gerente ingresa, me pilla en la mesa esperando. Vino es lo primero que prueba después de saludar afectuoso.
Inicia las confesiones expresando su cansancio, a lo cual reacciono haciendo caras tristes, me carga en sus brazos, río a más no poder dejando todo subimos por las escaleras directo a la cama donde me libera suave, tierno llenándome de besos. Da un salto al notar algo <<¿Qué es ese aroma?>> Le respondo que cambié el ambientador. <<¿Te gusta? Adoro esa fragancia>> insisto. Lo noto sorprendido <<Por supuesto, me encanta>> dice, pero intuyo que no.
Tiro de su mano para devolverlo a la cama, <<siéntate>>, él acepta. Decido reproducir la música adecuada y de la cómoda saco unas esposas. <<Nueva lencería>> menciona, celebra al descubrirlo. Procedo a enmarrocarlo en la cabecera. Luego parada sobre la cama bailo muy sensual y provocativa. Eso le excita demasiado, <<continúa, vamos, así, así>> expresa. Bailo, agrego movimientos frenéticos, ahora también comienzo a desnudarme. Cuando estoy desnuda total su respiración se acelera. Lo desnudo, acaricio, muerdo y beso cada parte de su cuerpo. Recuerdo cuando nos conocimos. Sus detalles, el día que pidió mi mano, la visita a mis padres, en especial la fecha de nuestra boda. Termino de lubricarlo, guió su miembro al lugar correcto. Su erección parece a punto de reventar. Me siento encima dando saltos, disimulada aumento la velocidad. Pasan los minutos, la sangre escapa de mí, el dolor es terrible, lloro, aun así no dejo de causarme daño. Advierte que no soporta sofocarse, <<¡basta, basta!>> ordena, <<¡es suficiente!>> grita aduciendo que enloquecí, intenta detenerme, liberarse, escapar. Yo prosigo con el acto. Es en vano, le confieso. Apenas tengo aliento, <<Ya lo sé todo>> le confieso, eres tú el que me lastima. <<Tus amantes>>. Lo disfruto, planeé esto hace meses. Al fin me detengo. Le tomo el pulso. Murió, seguro de un infarto. La droga cumplió su cometido. Supongo que se fue en su ley, teniendo sexo desenfrado.
Devuelta vestida abro el armario, caen diez sacos llenos, arrastro el harem hacía su marido compartido. Reunida la confabulación rocío combustible por la casa, incluso en ellos.
La policía jamás resolverá el caso porque fallecí de ahogamiento tras la sobredosis durante el baño.
Mi piel es tersa y suave, lo sé en cada baño que me doy, mientras masajeo al igual que ahora, froto hasta posarme ahí, la dulce tentación que descontrola a los hombres. Usando un dedo giro en círculos, introduzco un dedo hasta el espasmo provocándome placer media hora al menos. Hoy luzco un bronceado perfecto, ejercitada mantengo unas curvas y senos bien marcados, las piernas más hermosas que te puedas imaginar, levanto una dentro de la tina, jugueteo extendiendo ambas, abro, cierro y trato de alcanzar el techo con los pies. La espuma resbala al descender. Tengo los labios refinados y carnosos. Nariz respingada, de envidia como la atractiva mirada coqueta de mis ojos color caramelo. Me levanto, el cabello negro cubre mi cara, lo quito a un costado, estoy sola, antes solía acompañarme mi esposo. Sin importar qué, nada puede opacar la felicidad que me embarga. Ya en la habitación, la falda azul corta deja a la vista ombligo y la blusa blanca, casi transparente, parte del torso hasta la cabeza. El amor de mi vida llegará pronto de un largo viaje exitoso, dos semanas. Tengo listo la cena las bebidas. El gerente ingresa, me pilla en la mesa esperando. Vino es lo primero que prueba después de saludar afectuoso.
Inicia las confesiones expresando su cansancio, a lo cual reacciono haciendo caras tristes, me carga en sus brazos, río a más no poder dejando todo subimos por las escaleras directo a la cama donde me libera suave, tierno llenándome de besos. Da un salto al notar algo <<¿Qué es ese aroma?>> Le respondo que cambié el ambientador. <<¿Te gusta? Adoro esa fragancia>> insisto. Lo noto sorprendido <<Por supuesto, me encanta>> dice, pero intuyo que no.
Tiro de su mano para devolverlo a la cama, <<siéntate>>, él acepta. Decido reproducir la música adecuada y de la cómoda saco unas esposas. <<Nueva lencería>> menciona, celebra al descubrirlo. Procedo a enmarrocarlo en la cabecera. Luego parada sobre la cama bailo muy sensual y provocativa. Eso le excita demasiado, <<continúa, vamos, así, así>> expresa. Bailo, agrego movimientos frenéticos, ahora también comienzo a desnudarme. Cuando estoy desnuda total su respiración se acelera. Lo desnudo, acaricio, muerdo y beso cada parte de su cuerpo. Recuerdo cuando nos conocimos. Sus detalles, el día que pidió mi mano, la visita a mis padres, en especial la fecha de nuestra boda. Termino de lubricarlo, guió su miembro al lugar correcto. Su erección parece a punto de reventar. Me siento encima dando saltos, disimulada aumento la velocidad. Pasan los minutos, la sangre escapa de mí, el dolor es terrible, lloro, aun así no dejo de causarme daño. Advierte que no soporta sofocarse, <<¡basta, basta!>> ordena, <<¡es suficiente!>> grita aduciendo que enloquecí, intenta detenerme, liberarse, escapar. Yo prosigo con el acto. Es en vano, le confieso. Apenas tengo aliento, <<Ya lo sé todo>> le confieso, eres tú el que me lastima. <<Tus amantes>>. Lo disfruto, planeé esto hace meses. Al fin me detengo. Le tomo el pulso. Murió, seguro de un infarto. La droga cumplió su cometido. Supongo que se fue en su ley, teniendo sexo desenfrado.
Devuelta vestida abro el armario, caen diez sacos llenos, arrastro el harem hacía su marido compartido. Reunida la confabulación rocío combustible por la casa, incluso en ellos.
La policía jamás resolverá el caso porque fallecí de ahogamiento tras la sobredosis durante el baño.

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