El interno

Cierra los ojos dejándose llevar por la anestesia. Se da valor para calmar su angustia. <<Estoy en las mejores manos>> piensa. Nada puede salir mal. Su novia recibiría el riñón y de esta manera ambos vivirían juntos sin impedimentos.
Pasan las horas respectivas, despierta y se percata del escándalo fuera del cuarto, personas gritando en el corredor. Los asistentes le informan que ocurrió una urgencia, pero ya fue atendida. Que están saturados de internos, que mañana ya no recibirán a nadie más. Le avisan que quieren verlo, es su madre, luego, tomándolo de sorpresa ingresa su pareja, agradecida por tanto amor. La visita transcurre efímera.
Al día siguiente sangrando, con dolores en el cuerpo implora:
—¡Traigan al médico!
—¿A cuáles? ¿Y para qué?
—¡Estoy grave! ¿¡No lo ves!?
—¿No le informaron ayer?
Sí, somos asistentes, pero para los muertos. Bienvenido al infierno.

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