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Mostrando las entradas de agosto, 2019
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Un destino así Mi piel es tersa y suave, lo sé en cada baño que me doy, mientras masajeo al igual que ahora, froto hasta posarme ahí, la dulce tentación que descontrola a los hombres. Usando un dedo giro en círculos, introduzco un dedo hasta el espasmo provocándome placer media hora al menos. Hoy luzco un bronceado perfecto, ejercitada mantengo unas curvas y senos bien marcados, las piernas más hermosas que te puedas imaginar, levanto una dentro de la tina, jugueteo extendiendo ambas, abro, cierro y trato de alcanzar el techo con los pies. La espuma resbala al descender. Tengo los labios refinados y carnosos. Nariz respingada, de envidia como la atractiva mirada coqueta de mis ojos color caramelo. Me levanto, el cabello negro cubre mi cara, lo quito a un costado, estoy sola, antes solía acompañarme mi esposo. Sin importar qué, nada puede opacar la felicidad que me embarga. Ya en la habitación, la falda azul corta deja a la vista ombligo y la blusa blanca, casi transparente, parte d...

El interno

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Cierra los ojos dejándose llevar por la anestesia. Se da valor para calmar su angustia. <<Estoy en las mejores manos>> piensa. Nada puede salir mal. Su novia recibiría el riñón y de esta manera ambos vivirían juntos sin impedimentos. Pasan las horas respectivas, despierta y se percata del escándalo fuera del cuarto, personas gritando en el corredor. Los asistentes le informan que ocurrió una urgencia, pero ya fue atendida. Que están saturados de internos, que mañana ya no recibirán a nadie más. Le avisan que quieren verlo, es su madre, luego, tomándolo de sorpresa ingresa su pareja, agradecida por tanto amor. La visita transcurre efímera. Al día siguiente sangrando, con dolores en el cuerpo implora: —¡Traigan al médico! —¿A cuáles? ¿Y para qué? —¡Estoy grave! ¿¡No lo ves!? —¿No le informaron ayer? Sí, somos asistentes, pero para los muertos. Bienvenido al infierno.

El conejo blanco

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Estaba aburrida, a pesar de ello, se le veía hermosa vestida de celeste y blanco. No usaba ese enterizo desde hace mucho tiempo. Entonces lo escuchó. -¡Deprisa, que tarde es! ¡Voy muy retrasado! Sus ojos no lo creían, había regresado, quizás por fin tendría la oportunidad de hacer un tercer viaje. Sin pensarlo Alicia siguió al conejo blanco, quién como en las anteriores ocasiones traía consigo un reloj, ahora también una pequeña brújula. Observaba ambas sin detenerse. Las fuerzas le faltaban, alcanzarlo parecía una tarea imposible, él corría a gran velocidad. Pero la curiosidad dentro fue más fuerte, tenía que conocer a sus acompañantes, cinco esponjosas crías. Hasta que por fin, cruzada la madriguera, se detuvieron. Ya al otro lado se acercó a felicitarlo por tal dicha cuando vio que de pronto todos medían tres metros, la rodearon gruñiendo furiosos, con garras y dientes afilados se lanzaron a despedazarla. Otra impostora que tarde supo que la fantasía a veces la vida cuesta. ...